miércoles, 9 de julio de 2014

El segundo caso del inspector Martín Aldana


Ya lleva meses en las librerías “La última sombra del Greco”, una novela que han escrito conjuntamente Joaquín García Garijo y Santiago Sastre, publicada por la editorial Ledoria. A veces,  las novelas son como los guiones cinematográficos y necesitan varias manos para la  confección de una historia llena de intriga, para que el resultado final tenga la rotundidad de una obra bien hecha. Por eso, al igual que no nos extraña que para las series televisivas exista un equipo de guionistas, yo creo que es todo un acierto que esta novela tenga dos autores, que siguen el esquema claro y reconocible de una novela de género, una novela negra, pero sin el tono demasiado violento de sus textos más clásicos.

Martín Aldana es un policía que viene de Marbella, un destino conflictivo, donde se mueven por igual la corrupción y la violencia. Cree que Toledo es una ciudad fosilizada y apacible. Tiene que resolver su primer caso nada más llegar, la aparición de un cadáver en las inmediaciones de la ermita de la Virgen del Valle. Este es el comienzo de su primer caso, y de la primera novela de estos autores “Mazapán amargo”, publicada por la misma editorial. Por lo tanto, estamos ante el nacimiento de un personaje literario, el policía que se enfrenta a la difícil tarea de descubrir a un criminal. En “La última sombra del Greco” hay varias muertes relacionadas con una estatua atribuida a El Greco, pero lo más acertado de esta amena novela es el humor, sobre todo en lo referente al sexo, pero también es una narración de referencias toledanas, que hacen muy agradable su lectura, por la cercanía de localizaciones de la historia.

jueves, 29 de mayo de 2014

EL TEATRO Y EL FÚTBOL



Este sábado mientras millones de espectadores veían el fútbol por televisión, algunos miles de espectadores llenaban las salas de los teatros de España. No se trata de hacer una comparación odiosa entre los dos espectáculos, pero sí es consecuente dejar muy claro que el deporte nunca llegará a la categoría de cultura, si bien es cierto que es muy saludable para los que lo practican, pero no para los aficionados que sufren las asechanzas del juego, siempre con la pasividad del que contempla uno de los deportes más sobrevalorados de las últimas décadas. No nos engañemos, el fútbol, excepto para el futbolista no deja de ser un espectáculo aburrido, al que se le ha sabido inyectar la esencia de la emoción, identificar con un pueblo, una comunidad o una ideología; sin embargo no ofrece ni una sola idea, ni un aprendizaje, que no sea sumergirse por igual en la euforia o decepción, según el resultado final.

En la final de la Copa de Europa de Lisboa había espectadores inusuales, como nuestra reina Sofía, que contemplaba los vaivenes de la pelota, con la incredulidad de que todo aquello levantara tanta pasión. Seguramente que hubiera preferido estar en un teatro, viendo los gestos y diálogos de los actores, las escenas tramadas con inteligencia, o tal vez, hubiera preferido escuchar un gran concierto, como el réquiem de Verdi que presenció en la catedral toledana. Ciertamente el teatro y el fútbol son dos espectáculos, pero si el primero está lleno de valores, el segundo no es otra cosa que una distracción muy recomendable para perder el tiempo y evadirse por unos minutos de la realidad que nos rodea.

TERTULIANOS

Están en todas las partes y siempre son los mismos. En los medios de comunicación de masas, como la televisión y la radio, aparecen los tertulianos, que son aquellas personas que hacen del noble arte de la conversación su forma de vida. Los coloquios y los debates son sus actividades laborales, por lo tanto, son expertos en la oralidad, en utilizar el lenguaje en su forma más directa y espontánea, pero también asumen las consecuencias de no pensar con tiempo un argumento o no analizar una información.
Lo cierto es que son líderes en crear opinión, y la puesta en escena de esas confrontaciones son todo un espectáculo.
Sin embargo, si miramos hacia el pasado, hacia los años de la transición política desde el franquismo a la democracia, había un programa que fue un aprendizaje para muchos españoles de lo que era el consenso, la moderación y sobre todo el diálogo.
Aquel espacio televisivo era La Clave, presentado y moderado por José Luis Balbín. Se hablaba con respeto sobre temas como el aborto, la pena de muerte o el Opus Dei. La charla era natural, sin los recursos histriónicos a los que nos acostumbran los tertulianos actuales.

¿Qué queda de programas como la Clave en la televisión actual? Pues prácticamente nada, porque el medio televisivo ahora, por su propia naturaleza ideológica, comercial, se ha encargado de que los periodistas, analistas políticos sean seres que vociferan sin escuchar a los compañeros, mientras los índices de audiencia suben, cuando aparecen las evidencias de un insulto o una falacia. Otro dato curioso, a diferencia de lo que ocurría años atrás, es que el contertulio que se muestra más progresista, aparece acorralado, y casi cohibido entre aquellos que muestran en ocasiones el  conservadurismo más rancio y trasnochado.

martes, 29 de abril de 2014

FALTA DE RESPETO


Diariamente nos encontramos con muestras de falta de respeto entre las personas. A veces se trata de un insulto, en otros casos se pierde el respeto no admitiendo la autoridad, que otros tienen sobre nosotros para un correcto funcionamiento de la sociedad. La expresidenta madrileña Esperanza Aguirre cometió una infracción de tráfico que, además de ser trending topic en el mundo de internet, fue una clara muestra de falta de respeto. Se puede decir de muchas maneras, pero lo que todos sabemos es que aquel incidente desembocó en gestos de mala educación.
Vivimos en un país donde se pierden las formas un día sí y otro también, en un continuo desacato, con todo el sentido de sus acepciones “calumniando, injuriando o amenazando a una autoridad en el ejercicio de sus funciones”. Así pues, no nos extraña que haya agresiones a personal sanitario, docente, porque estamos inmersos en una dinámica del grito y de la furia, como cualidades del carácter.
A veces me pregunto si todos estos rasgos son congénitos de nuestra cultura, forjada en el pesimismo y en la picaresca del Siglo de Oro, en la desconfianza hacia los demás, en la defensa a ultranza de lo que consideramos propio, como es nuestro honor y buen nombre. Todo esto se podría solucionar dando la importancia que se merece a nuestro sistema educativo, pero no olvidemos que ya había planteadas materias como Educación y Ciudadanía que, dentro de sus limitaciones, al adolescente le marcaba el rumbo de la convivencia en la sociedad que está descubriendo.
Sin embargo, en una educación recortada y mutilada, desmembrada por los efectos de la privatización, los únicos valores que se pueden enseñar en medio de un naufragio político, económico y moral es “sálvese quien pueda”

viernes, 4 de abril de 2014

EL VOTO FOROFO


Definitivamente estamos ya en campaña electoral, se nota en el ambiente político, en las formas de actuar de nuestros gobernantes y de los políticos de la oposición. En cierta medida, las elecciones son algo parecido a las competiciones deportivas. Nosotros que estamos tan acostumbrados a las temporadas futbolísticas no nos resulta difícil entender la jerga propia de la confrontación, sean equipos de jugadores o partidos políticos. Pero en la democracia, según nos quieren convencer, todos participamos con nuestro voto para la constitución de un país, una región o un ayuntamiento.
Así pues, a los ciudadanos no nos queda otro remedio que votar, si es que queremos sentirnos como los futbolistas de nuestro equipo preferido, y nuestro voto sería una manera de arrimar el hombro o tirar un penalti, para ganar la liga o ganar la copa de Europa.
En mayo empieza la competición, sin duda, con un trofeo menor, de los que no nos tomamos en serio, pero que es un calentamiento para  las elecciones autonómicas y generales. Casi siempre, los votantes nos comportamos como esos forofos de los equipos de fútbol y metemos en la urna nuestro voto forofo.
Seguramente que nos hemos quejado de la mala actuación política, de los brutales recortes en sanidad y educación, de los casos de corrupción, sin embargo, al igual que nos enfadamos por el mal juego de nuestro equipo, no dudamos después en aplaudir en gritar cuando vencemos al máximo rival.
Nuestro voto es un voto forofo, como el de los hinchas deportivos, ni siquiera votamos por ideología.  

lunes, 24 de febrero de 2014

LA UTILIDAD DE LA FILOSOFÍA

Hace unos días escuché una tertulia radiofónica en la que los filósofos Javier Sádaba y el toledano José Antonio Marina justificaban el valor y la utilidad de la filosofía. En otros tiempos sería impensable que dos importantes intelectuales tuvieran que buscar argumentos para hacer creíble lo que todos siempre hemos reconocido, es decir, la  filosofía es el amor a la sabiduría. Sin embargo, como consecuencia de la nueva ley educativa, las clases de filosofía quedarán relegadas a una asignatura muy secundaria, con la apariencia de lo insignificante. Tal vez, palabras como esencia e idea, sean reemplazadas por otras con sonido más vibrante, como emprendedor, puesto que, de manera desesperada, se exige que los nuevos alumnos sean emprendedores, como si no supiéramos que para ser empresario, a veces basta con tener un capital y contratar empleados con un bajo salario.
En 1991 el escritor noruego Jostein Gaarder publicó “El mundo de Sofía”, una novela didáctica sobre el aprendizaje de la filosofía.
Fue todo un éxito de ventas, y sorprendió la conexión entre los adolescentes y esta asignatura, porque la filosofía nace de la curiosidad de un niño, de un joven por preguntarse el origen de las cosas, sus causas, porque ellos no creen en la imposición ni en la certeza de los dogmas. Podemos entender que la finalidad de la filosofía es formar personas críticas, con la capacidad de dar argumentos, de buscar consenso por medio del diálogo. Pero estas pretensiones chocan con una sociedad como la nuestra, donde hay un miedo terrible al espíritu de asamblea.

También sigue existiendo esa segregación irreconciliable entre las letras y las ciencias, sin tener en cuenta que grandes personajes de nuestro tiempo como Bertrand Russel era filósofo y matemático con la misma genialidad. Y en nuestro país, Gregorio Marañón fue un médico y ensayista, Juan Benet ingeniero y escritor. Por último, llego a la conclusión del poco interés por la filosofía y de la cultura en general, mientras termino este artículo y en la emisora pública RNE trastocan la emisión del programa cultural “La estación azul” para retransmitir un partido de fútbol intrascendente, pero de “interés nacional” como decía un político.

HOMENAJE A FÉLIX GRANDE

Son muchos los artículos que recuerdan la figura poética y humana de Félix Grande después de su muerte. Algunos nos indican que ha sido un poeta importantísimo de la segunda mitad del siglo XX, a camino entre la poesía social y los nuevos experimentos literarios. También se ha dicho que el mundo del flamenco está de luto, porque fue un crítico genial, con obras como "García Lorca y el flamenco". En algún obituario se le destaca como un manchego ilustre, no en vano sus restos mortales descansan para siempre en Tomelloso.
No soy un experto en su poesía, ni siquiera conozco la totalidad de su obra, sin embargo desde hace años guardo un poema suyo, que descubrí en una antología de la poesía española. Es un poema de poco más de cuarenta versos, de su libro "Música amenazada" de 1966.
"Donde fuiste feliz alguna vez
no debieras volver jamás....."
Enseguida supe que el texto era toda una revelación, porque contenía en su brevedad el compendio de todos los temas que nos preocupan como el amor, la nostalgia, la soledad.
"Si la felicidad te la dio una mujer
ahora habrá envejecido u olvidado..."
En esta ocasión, su poesía sale de los vaivenes de la poesía social, comprometida, para centrarse en los temas cotidianos, íntimos. Estamos hablando de la poesía de la experiencia, y bajo ese amparo escribieron otros autores como Ángel González y Claudio Rodríguez. Sin embargo, no tardó mucho en utilizar un lenguaje culturalista, porque en 1967 publicó "Blanco spirituals", una poesía cercana a las técnicas que desarrollaría la generación de los "novísimos"
Guardaré siempre este poema de Félix Grande, y lo releeré, sobre todo, cuando me invada la nostalgia, y aceptaré su consejo de hombre sabio y sensible.
"No debieras volver jamás a nada, a nadie,
pues toda historia interrumpida
tan solo sobrevive
para vengarse en la ilusión"