viernes, 14 de junio de 2013

TOLEDO OLVIDADO


El libro  Toledo Olvidado  es  una recopilación de  casi trescientas fotografías que muestran esta ciudad, con el aire  poético y testimonial  que siempre reflejan las imágenes del pasado.  Hace ya cinco años que nació el conocidísimo blog  de Eduardo Sánchez   www.toledoolvidado.blogspot.es  Ha  recibido reconocimiento y premios, porque ha reunido miles de fotografías, abandonadas en archivos, colecciones particulares. En definitiva, gracias a internet  muchos toledanos han vuelto a su infancia, y todos en general hemos aprendido una lección de historia, más bien de la intrahistoria de una ciudad olvidada, grandiosa en su pasado y  provinciana en costumbres, pero siempre bella e  intacta, inalterable a los efectos del paso del tiempo.
       Hay cuatro bloques, que corresponden a distintas épocas, desde las primeras imágenes tomadas a finales del siglo XIX para concluir con un cielo estrellado, fotografiado en 2012.  Las  fotos más estremecedoras pertenecen a la Guerra Civil, porque hay imágenes que demuestran la violencia que vivió Toledo durante los primeros meses del conflicto. Aparecen saqueos, trincheras y sobre todo muertos en torno a un destruido Alcázar.  Más amables son las instantáneas que nos recuerdan que ésta ciudad sirvió de escenario cinematográfico para las grandes superproducciones americanas de los años cincuenta, como es el caso de “La vuelta al mundo en ochenta días”, donde un  globo sobrevuela la ciudad.  También son muchas  las fotografías que recogieron una  bella panorámica, pero la que a todos nos sorprende, por irrepetible, es la postal de la playa del río Tajo, con centenares de personas bañándose plácidamente. Es una foto de los años sesenta, que más bien parece un paisaje de  alguna égloga de Garcilaso de la Vega.

LA VOZ DEL MAR


      “La voz del mar” es una novela de Consolación González Rico, una escritora toledana, que ha escrito obras muy interesantes, como  “Una mujer de la Oretana”, historia ambientada en los Montes de Toledo.  La novela que nos ocupa la publica la editorial Ledoria, editorial importantísima en la difusión tanto de autores  toledanos, como de temática relacionada con esta tierra. Este texto es una  novela que apenas sobrepasa las cien páginas, pero que  son de intensa lectura de principio a fin, porque nos identificamos con Celia, la protagonista.  A veces, hay novelas farragosas, donde hay acumulación de párrafos que no aportan nada a la historia, que rompen el hilo narrativo. En el caso de “La voz del mar” todo está bien encajado y el estilo literario es poético y directo a la vez. En cierta medida, juega con un impresionismo literario, basado en los recuerdos. Es una novela de “intrahistoria”, como aquellas novelas que escribía Miguel de Unamuno.
     Celia decide irse lejos, abandonar su territorio, porque su vida se ha convertido en un infierno. Por esa circunstancia viaja en tren  hasta Girona, pero el destino podría haber sido otro cualquiera. Quería estar lejos y entregarse al mar, fundirse con sus olas. A partir de aquí, hay una magnífica construcción de una historia, la historia personal basada en una vida de recuerdos  buenos y malos, como toda vida en general.  Celia sabe que se ha roto  el aparente triángulo feliz de su familia, compuesta por su marido Jaime y su hija Irene. Al igual que el personaje de Crisanta de la citada novela “Una mujer de la Oretana”, Celia es una mujer de orígenes humildes, luchadora en un mundo  de poderes machistas. En definitiva, el lector, como fue mi caso, se emociona con esta joya literaria, que se lee de un tirón, dejando después una sensación reconfortante.

jueves, 13 de junio de 2013

El vano ayer


En 2005 Isaac Rosa publicó una excelente novela “El vano ayer”, que reflexiona sobre el franquismo, etapa  tan cercana, pero ya lejana para una generación de personas que sólo conoce los hechos históricos por las películas  y por lecturas diversas en los manuales de historia. Con una distancia inteligente y con una documentación basada en los mejores historiadores como  Tussel y Tuñon de Lara, este escritor elabora una novela original, con muchos materiales narrativos.
    Introduce textos periodísticos en francés informando sobre las revueltas estudiantiles “Des conflits à l´université de Madrid avec plusieurs blessés”, pero la parte más original, satírica es el capítulo donde hace un resumen de la Guerra Civil en castellano antiguo “macarrónico” con gran sentido paródico. Así empieza “Trata como el General, sabida la deshonra de España, determina de salir a la batalla por vengar su injuria”.
      La novela es un cúmulo de aciertos de todo tipo, pero ante todo es una novela que presenta el dolor como tema fundamental.  Es decir, la impotencia de muchas personas que lucharon por cambiar un sistema fascista y no pudieron hacer nada, porque eran una especie marionetas manejadas por ese régimen. Así pues, el profesor universitario Denis es el protagonista de una trama de la policía para capturar a los estudiantes que eran subversivos. Hay una clara reconstrucción de las fuerzas del orden público en la década de los sesenta, con desaparición de alumnos de los que nunca se supo nada.
      La tesis es clara y rotunda: “el régimen franquista se sostuvo gracias a las fuerzas del orden público”. Sin embargo, no creamos que sea una novela de rencores, resentimientos y odio. Nada de eso, porque ya he dicho que prima la distancia sobre la pasión. Incluso en la página 89 hay una víctima que no es un estudiante, es un policía que yace herido, al caer del caballo  “la policía pega fuerte en todas partes, porque eso te lo enseñan en las academias…” Esto nos hace pensar que los cuerpos de seguridad fueron los primeros que sufrieron la falta de libertad, al tener que actuar sin escrúpulos ante personas como ellas, casi siempre procedentes de las capas sociales más humildes.
    En fin, al leer esta novela sacamos muchas conclusiones, tal vez, la más triste de todas es que esos cuarenta años de dictadura militar fueron años perdidos, de ilusiones desvanecidas, pero sobre todo pensamos que unos pocos controlaron la vida de muchos, de casi todos los españoles de bien.

martes, 11 de junio de 2013

TRISTANA


    En  1969  Luis Buñuel rueda en Toledo la adaptación de una novela de Benito Pérez Galdós. Esta novela es “Tristana”  una historia  ambientada en el final del siglo XIX, pero que el genial director aragonés traslada a las primeras décadas del siglo XX. La Ciudad Imperial era un referente para los jóvenes universitarios de la Residencia de Estudiantes, los miembros de la Generación del 27. Buñuel y sus amigos  Lorca, Dalí, venían a Toledo, porque  les gustaba  el  valor histórico de sus calles, lo solemne de sus monumentos. Por lo tanto, con algunos cambios en la trama de la novela, la película presenta la historia de Don Lope, hombre mayor que acoge en su casa a  Tristana, una joven a la que  trata  como hija  y  esposa.   Pero el personaje principal es la ciudad de Toledo. En el comienzo del film  vemos la panorámica de la ciudad, desde el Valle con el repiqueteo monótono y grave las campanas de las iglesias.
    De una novela madrileña como la concibió Galdós, Buñuel hizo de  Tristana una película Toledana,  con un recorrido por  edificios, calles,  y  también  hay una presentación de una sociedad de aquel tiempo, con la  identidad de la ciudad: las diferencias sociales entre clases y el fuerte poder en todos los ámbitos de la iglesia católica. Son muchos los espacios que reconocemos en la película: el paseo de Recaredo, el parque de la Vega, el paseo del Tránsito,  la  Puerta de Alfonso VI, los cobertizos, San Pedro Mártir, la Plaza de las Capuchinas, y sobre todo la calle de Santo Tomé, donde estaba la casa de Don Lope. El estilo de la película, como el cine de su autor, es mordaz, sugerente. Es una película  de ritmo lento, donde aparecen referencias a los sueños, las pesadillas, algo propio de su etapa surrealista. En definitiva, con Tristana tenemos un ejemplo más de  que Toledo es un escenario de cine.

RILKE EN TOLEDO


     El poeta Rainer María Rilke es uno de los grandes poetas en lengua alemana. Nació en 1875 en Praga, pero destaca por su nomadismo, es un gran viajero, conocedor de  casi todos los países europeos: Rusia, Francia, Italia y por supuesto España. En noviembre de 1912 se instala en Toledo para vivir en la Ciudad Imperial  una serie de experiencias que marcarán toda su obra poética. De Venecia llega a Toledo, y las dos ciudades son dos referencias de dos países y dos culturas. Rilke se instala en el hotel Castilla, que actualmente es un edificio de la administración pública y enseguida comienza a caminar por las sinuosas calles, buscando la inspiración necesaria para seguir escribiendo sus poemas. Se integra como un habitante más, que se apasiona por el sonido de las campanas de la catedral o las puestas del sol tras los cigarrales.

    Para hablar de este escritor y su relación con esta ciudad es una cita obligada  aludir al ensayo “Rilke en Toledo” de Antonio Pau Pedrón. Es un texto cuidadosamente editado por editorial Trotta  con ilustraciones de Ignacio Zuloaga y sobre todo de El Greco, pintor que impresionó totalmente a Rilke.  El poeta quería  recibir las sensaciones un Toledo mágico, cercano a lo fantasmagórico, por eso paseaba continuamente por la ciudad.  En uno de sus poemas recoge la imagen de una estrella que cae del cielo, mientras él camina por el puente de San Martín. Este hecho lo recordaría durante toda su vida.  En los últimos versos de un poema escrito en Munich en 1915 recuerda el puente y la estrella.

“Oh estrella precipitada en el abismo,

que  una vez vi desde un puente:

no he de olvidarte nunca. ¡Siempre en pie!

viernes, 7 de junio de 2013

ELOGIO Y NOSTALGIA DE TOLEDO


El ensayo “Elogio y nostalgia de Toledo” de Gregorio Marañón es uno de los libros que muestran de una manera más emotiva la admiración por la Ciudad Imperial, elogiando tanto  su historia como a los personajes ilustres que vivieron aquí. Gregorio Marañón fue una figura importante en el campo de la medicina, trabajando en el Instituto de Patología Médica. Además en literatura ha dejado excelentes ensayos sobre diferentes temas como el arte, la historia, siempre profundizando en el espíritu de grandes personajes históricos como “El conde-duque de Olivares”. Escribió “Elogio y nostalgia de Toledo” en el trágico periodo de 1937 a 1943, en su exilio de París. Unió recuerdos y nostalgias de sus vivencias en la ciudad, de sus estancias dominicales en el Cigarral de Menores.

    Este conjunto de semblanzas sobre Toledo se recogen en un libro editado por Espasa-Calpe, en la colección Austral. Seguramente que será difícil encontrar algún ejemplar de color verde, el color que la editorial dedicaba a los libros que se referían al pensamiento, pero todavía quedan ejemplares en las librerías que contienen libros de segunda mano. Marañón comienza su discurso con una reflexión sobre la grandeza de la ciudad, pero desde la humildad de sus calles y del río Tajo, un río pequeño y retorcido que se hace grande y navegable en su desembocadura en Lisboa. El paisaje toledano que más le impresiona es el del cigarral, para él estas pequeñas casas al otro lado del río son el mejor mirador para  contemplar la monumental ciudad. Hay una evocación de la obra literaria de Tirso de Molina “Cigarrales de Toledo”,  donde unos amigos hablan y cuentan historias, aprovechando aquel marco incomparable.
    
    Como he dicho antes,  Gregorio Marañón hace  un homenaje a personajes ilustres que han nacido o vivido en la ciudad. Como es normal, el primero de ellos es el noble cortesano Garcilaso de la Vega, el poeta más vanguardista de la poesía española, puesto que introdujo con gran maestría  la temática y métrica italianas, a principios del siglo XVI. El Greco es otro gran artista que ha hecho de Toledo una referencia mundial en el ámbito de la cultura y del arte, al presentar sus figuras alargadas y  un Toledo mitad mágico y fantasmal. Por último, nos llama la atención la admiración y fervor que tenía por Benito Pérez Galdós, al que dedica un capítulo del libro,  éste era amigo íntimo de su padre. Destaca la imagen amable que nos da de este escritor, que era un gran conocedor de la ciudad y que vivió en la calle de santa Isabel, donde escribió su novela ambientada en Toledo “Ángel Guerra”.

LA TRILOGÍA DE APU

 Las películas de Satyajit Ray recogidas en la trilogía de Apu “Pather Panchali” (La canción del camino), “Aparajito” (El invencible)y  “Apu Sansar” (El mundo de  Apu) están consideradas como unas auténticas obras de arte en la historia del cine. Sin embargo,  no han llegado al gran público, a pesar de que es una muestra clara del neorrealismo realizado en la India. Las imágenes de Calcuta nos recuerdan a cualquier calle de Roma o de Madrid. Estas películas se realizaron entre 1955 y 1959, Ray admiraba a los mejores directores americanos de la época y también conocía el cine que se hacía en Europa. Su intención artística es la de narrar la vida de las personas de manera realista, sin tramas ni acciones secundarias. Lo que cuenta en sus películas no es artificial, sino que es natural, pero no por eso aburrido ni poco interesante.
    Por supuesto lo que más llama la atención es la mirada tierna y a la vez dura que hace Ray de la vida desde la infancia hasta la etapa adulta. Nos cuenta la vida de Apu cuando es niño, adolescente y cuando al final consigue ser un padre que busca desesperado el amor de su hijo. Es un cine de sentimientos que muestra con lentitud la intrahistoria de una familia. Las imágenes están sabiamente acompañadas con el hilo musical inconfundible de Ravi Shankar, un ejemplo inmejorable de música oriental, elegante que emociona al espectador en varios momentos de la película.
     Encontramos por una parte lo particular y lo universal, es decir, el espacio y el tiempo de una cultura alejada de la nuestra se unen a las circunstancias comunes en todas las sociedades. Quiero decir que el amor de los padres por los hijos, el dolor por la muerte de los seres queridos, la soledad de los ancianos son los temas que hacen este cine universal. Llama la atención la presencia de la muerte en la película, pero considerada como algo natural, porque percibimos desde el primer momento que la muerte es un ciclo vital, una ley de vida.