De las "Leyendas" de Bécquer hay algunas de temática toledana como "El beso", "El Cristo de la Calavera", pero es en "La ajorca de oro" donde muestra de una manera más lograda ese ejemplo de prosa poética que tanto gustaba a los escritores del Romanticismo. Gustavo Adolfo Bécquer vivió con su hermano Valeriano en Toledo algunas temporadas y enseguida conectó con el espíritu de la ciudad, es decir, la historia y el misterio, como sus identidades más representativas. La leyenda "La ajorca de oro" es una narración breve, pero intensa donde muestra un esquema que repite en gran parte de sus textos. Él oye una historia, generalmente procedente de un pasado remoto, hace una pequeña introducción e introduce un relato fantástico y de terror.
Sin entrar a desvelar el argumento y menos aún el final hay que destacar que en esta leyenda, como en otras del autor, los personajes están tipificados por tópicos de los que Bécquer no se sale. La mujer aparece como caprichosa y el hombre aparece como valiente y de nobles principios. Estsa características también se dan en la más famosa leyenda becqueriana "El monte de las ánimas". Pero lo que más me llama la atención de esta leyenda es que la catedral es un personaje más, con un fuerte grado de personificación "¡La catedral de Toledo! Figuraos un bosque de gigantes palmeras de granito que al entrelazar sus ramas forman una bóveda colosal y magnífica..." Además también aparece el amor y la devoción de los toledanos a la Virgen del Sagrario, la patrona de la ciudad. De ahí parte el conflicto de la historia, la ajorca es un broche dorado "aquel objeto era la ajorca de oro que tiene la Madre de Dios en uno de los brazos en los que descansa su divino Hijo..." Toda la leyenda es una conjunción de intriga, misterio con unas buenas descripciones de un lenguaje muy sugerente que nunca defrauda.
Este artículo fue publicado en el periódico mensual "Vecinos" de Toledo en enero de 2009.
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